
A veces abres el periódico y entre tanta desgracia y politiqueo, te encuentras pequeños guiños que te hacen sonreir. Vienen a ser como el breve brillo de una pepita de oro entre un motón de arena. Hoy El Mundo publicaba una de esas pequeñas perlas que merece la pena leer. Como si de un cuento de Navidad –por adelantado– se tratase, el periódico cuenta la historia del pescador que se enfrentó a Donald Trump.
La noticia tiene todos los tintes de cuento tradicional, casi casi de relato bíblico: honor, respeto, codicia, dinero y hasta llega al climax cuando se enfrentan en los tribunales y estos tienen que dar una respuesta.
La noticia la podéis leer en www.elmundo.es/elmundo/2007/11/30/internacional/1196417374.html y estoy segura de que sonreiréis, pero si fuese un cuento de Navidad la cosa quedaría más o menos así (*1):
El sol sale en el lejano Aberdeen y sus habitantes empiezan a desperezarse en sus camas. Se levantan, se lavan, desayunan y se preparan para su trabajo diario. El panadero se pone su mandil y piensa en la cantidad de barras que tiene que vender. El pastor sale al monte con su rebaño y la maestra recoge sus libros y enfila el camino a la escuela.
En el puerto, los pescadores suben a los botes y se disponen a zarpar. “Hoy tendremos buena pesca” piensan y este pensamiento es el mismo que tuvieron ayer y anteayer. Es el mismo que tuvieron sus padres y sus abuelos, y así hasta el principio de los tiempos. Y es que Aberdeen es un bonito lugar, tranquilo y soñador.
Pero ese día no iba a ser un día normal. A media mañana un estruendo prende los cielos y las aves que reposan en los árboles deben levantar el vuelo. Los vecinos miran a cielo extrañados: "¿Qué ocurrirá?" se preguntan.
De repente surca el espacio un enorme aparato metálico del color de la sangre. Sus alas baten a enorme velocidad hasta que se posa en el suelo y de su interior surgen varias personas: Son señores de la gran ciudad, vestidos con sus trajes y zapatos, pero estos tienen un acento raro y en lugar de salir palabras de su boca, lo que salen son números. Grandes cifras con las que apabullan y asustan a los tranquilos habitantes de Aberdeen.
Hablan entre ellos y hablan de cosas que no entienden: rascacielos, campos de golf, hoteles... Lo único que les queda claro a los tranquilos vecinos es que esas palabras raras y esos números gigantes se van a quedar en su pueblo.
Los señores de traje empiezan a moverse por allí con mucho aire y poca consideración, mientras los vecinos no saben como contestar ni qué hacer. Pero al caer la tarde los pescadores vuelven a casa y con ellos –sin saberlo– viene la solución. Al llegar a puerto sus familias y vecinos acuden a contarles las novedades y entre todos trazan un plan para evitar que aquellos seres de números se queden en el verde Aberdeen.
A la mañana siguiente uno de ellos, el elegido, no sube a su barco sino que se calza las botas de caminar y emprende camino a la corte del rey Justo. Sólo el gran poder de la Justicia que imparte el rey podrá frenar esta desgracia.
No vamos a narrar aquí las aventuras que nuestro amigo el pescador vivió por el camino, ni a la gente que conoció, eso es otra historia.
Al quinto día de viaje llegó a la corte del rey Justo y allí expuso su caso. El rey le hizo saber que apenas dos días antes los hombres de número habían ido a verlo y con ellos llevaban sus razones, por ello le pedía al pescador tres días para poder meditar el caso y obrar en Justicia.
Fueron tres jornadas largas y angustiosas para nuestro pescador y su pueblo, pero al tercer día el rey Justo cumplió su palabra. Les convocó en la sala del trono y allí, delante de toda la corte, declaró que la tranquilidad de Aberdeen, sus azules aguas y sus verdes prados valían más que todos los grandes números del mundo. Que los rascacielos y los hoteles –así como otras palabras raras y difíciles– y por ello ordenaba a los señores de los números abandonar Aberdeen y dejan que el pueblo y sus vecinos viviesen felices para siempre.
(*1) Las historia es una absoluta invención y sólo he utilizado para el caso el nombre de Aberdeen. Todo lo demás, aunque basado en la noticia, es imaginado 100%.